
Hacía ya 8 años que no iba al pueblo, los tiempos cambian y la vida pasa volando; recuerdo como de pequeños íbamos todos los años, a veces los casi 3 meses que duraban las vacaciones.
Uno de esos años, creo que fue en 1995, se incendió casi toda España, o eso al menos me pareció a mí, había fuegos por todas partes, salí de Badalona observando como algunos helicópteros y avionetas echaban agua sobre las incendiadas montañas pegadas al hospital de Can Ruti en donde nací, y no dejé de ver una línea naranja sobre las montañas de casi todo el camino entre Barcelona y Granada, un viaje de 12 horas de noche en carreteras solitarias y rodeadas por el fuego, parecía una película de terror, era España en llamas.
Llegué a Guajar Alto para ver cómo la misma luz anaranjada se anunciaba entre las montañas del fondo durante varias noches; una de ellas no pude dormir, el fuego se acercaba al pueblo -está por detrás de las montañas- decían, casi de madrugada las llamas asomaron en la cima de las montañas mas cercanas, amanecía, sonaban las campanas de la Iglesia a modo de alarma, la gente se reunía y los hombres del pueblo se dirigían a ayudar para extinguir el fuego.
El fuego cambió de dirección, un cortafuegos ayudó bastante, pero las montañas que rodeaban al pueblo ya no fueron las mismas, se acabaron esos colores verdes, esos paisajes de ensueño. Este año, 13 años después de aquello, he visto como el verde ha vuelto a florecer, y sus montañas recobran su brillo, aun no del todo, pero casi se puede decir que aquello ha quedado en el pasado.















