Por qué me fui de España

Stonehenge
Muchas veces, por haber decidido marcharme del país en medio de una de las peores crisis económicas de su história, muchos piensan que mi marcha fue una huida forzosa en busca de ambientes más prósperos, que no más cálidos, y yo mismo a veces hasta me convenzo de ello.

Pero la verdad es, todo hay que decirlo, que ya desde que era pequeño mi corazón palpitaba con fuerza ante la idea de explorar el mundo, de viajar, de ver otras cosas y de no quedarme simplemente en el barrio como muchos otros. Qué cosas, si hubiesemos sabido entonces que el barrio nos vería marchar a la mayoría.

Recuerdo tener 12 años e imaginarme viviendo por el norte de Europa, no viajando como turista, sino viviendo con sus gentes, empapandome de su cultura y comprendiendo otras formas de entender la vida. Y tras imaginarlo los miedos me abrumaban, pensaba en mi sólo en esas tierras de gentes extrañas, me imaginaba un ambiente hostil y poco amigable, y me veía solo e indefenso, incapaz de tirar adelante. La idea me atraía tanto como me aterraba, y soñaba en irme a vivir al norte como soñaba con volar cual Peter Pan, un sueño y nada más.

A los 14 y entrar en tercero de la ESO (yo cursé el último año de octavo de EGB) la directora vino a vernos el primer día de clase para explicarnos en qué consistía una de las optativas, que ella misma impartía y que para cursarla debías escogerla al principio pues era una optativa que duraba 2 años.

Se trataba de cursar francés, curiosamente coincidía con el grupo de optativas en que se encontraba informática, y aunque ya en aquél entonces me atraía mucho la informática, la idea de que tal vez esa sería mi única oportunidad de aprender francés me hizo decidirme en favor del nuevo idioma. De nuevo esa voz en mi: – Y si el día de mañana… – Parecía una idea ridícula en aquél entonces.

Tras eso vendría el Bachillerato y el intercambio de estudiantes a Holanda, me moría de ganas por hacerlo. No tanto por viajar a Holanda sino por la idea de vivir temporalmente con una familia holandesa y sentir esa experiencia, era mi sueño de la infancia hecho realidad ni que fuera fugazmente y tras hablarlo en casa, carta verde. No es que fuera barato pero en mi casa querían darme algo que me animara, pues los años de mi adolescencia fueron algo amargos.

De ese intercambio lo más importante que recuerdo fue el cómo mis miedos se desvanecían, como si cayeran uno a uno, barrera tras barrera, escudo tras escudo y poco a poco mi mente se liberara y mis alas empezaran a extenderse. Holanda era un país espléndido, su gente amable, civilizada y encantada de echarte una mano. Muchas cosas de allí me entusiasmaron, lo que más, que mis miedos de la infancia desaparecían igual que un día lo hizo el monstruo de lo alto del armario.

Tras el Bachillerato llegaría el Ciclo Formativo, y entre tanto, España entraba en el euro y ahora además se abría el espacio Schengen. Recuerdo las noticias en su día hablando de ello, y cómo una vocecita dentro de mi gritaba como desde muy lejos “podrás irte! podrás irte!” mientras otra voz con muchos miedos respondía “ni en broma, vas a irte tu tan lejos!“.

Pero en el Ciclo Formativo un profesor de Orientación Laboral nos mostró un artículo del diario El País, creo que aun guardo la fotocopia en casa de mi madre, el artículo comparaba los salarios mínimos europeos en el espacio Schengen, y ahora sí que sí, que mi vocecita interior se sumó a mi voz de la razón y ambas síncronas dijeron sin dudarlo: – ME MARCHO.

Y así fue que mi decisión estaba tomada, que a mi madre me costó algo convencerla durante un tiempo (la crisis fue mi gran aliada) y que aunque algunos periodistas que en su afán por buscar cierta otra historia me entrevistaron sin demasiado interés en mi realidad mis alas desplegaron un día, como un barco que sale a la mar por primera vez zarpé, como si desde siempre una parte de mi lo hubiese sabido, que mi destino era marcharme de España, que a mi el barrio se me quedaba pequeño, que nací con unas alas a la espalda y que tarde o temprano las desplegaría para volar más allá del Pirineo y encontrarme a mi mismo, sin cadenas ni ataduras, seguro, confiado y libre.

One thought on “Por qué me fui de España”

  1. En tu núcleo siempre has tenido la semilla del crecimiento, seguridad, ilusión y poder. La eclosión sólo esperaba su momento

Comments are closed.