La sátira de los tiranos

El chiste resultaba fácil, y en el 70º aniversario de la invasión de Polonia no pudo faltar un gag (que se veía venir) en el programa de TV3 Polònia en el que un Hitler de pega invadía el plató del programa.

A Pilar Rahola este chiste no le hizo ninguna gracia, y puede que haya mas gente que opine como ella, pues las sensibilidades varían según el tema que se toque. Ni yo ni a quienes nos pudo hacer gracia la broma consideramos que lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial sea precisamente gracioso, pero la sátira siempre ha servido para acercar al pueblo temas serios y permitir hablar de cosas que de otra manera se hacen más difíciles.

Para las personas más jóvenes que no conocen la historia o todavía no se defienden en política (muchos nombres, muchos bandos, mucho lío, …) no creo que los debates televisivos mas serios resulten muy útiles. Lo mas probable es que un chico de 12-13 años no dure ni 20 segundos contemplando uno, y si dura más, poco podrá entender.

Los programas del estilo de Polònia, El Informal, Caiga quien Caiga, etc. ayudan, a base de bromas, a iniciarse en este mundillo a quienes menos conocen de él. De hecho, es conocido que muchos niños ven Polònia, que me parece muchísimo más ilustrativo que ver a la Esteban hablando de su hija.

Alguno puede asustarse y pensar que el programa pretende lavar las mentes más jóvenes condicionando, pero la realidad es que tan sólo les muestra que ese mundo existe y hace una pasada muy superficial, Polònia no te habla de la vida política en detalle, sino que te da una aproximación y de paso, como buena sátira, denuncia las malas prácticas.

La actitud de Rahola atacando duramente a Najat el Hachmi me parece lamentable y muy ilustrativa, pues cuando te quedas sin argumentos o te resulta imposible rebatir los del otro, es muy común atacar a la persona y pretender con eso anular los argumentos de quien los pronunció.

Por otro lado, me resulta paradójico que quien habla de derechos y libertades allane los de los demás, e incluso me parece hipócrita que quien atacase en su día a Berlusconi por prohibir la sátira en Italia ahora pretenda imponer censura sobre la que no le agrada.