La dictadura del miedo

Una de las cosas en que más está cambiando mi forma de ver el mundo es la mentalidad anglosajona fruto del liberalismo de la libertad individual frente al Estado, aunque en el fondo es también un debate respecto a la libertad del individuo frente a las mayorías, grupos sociales o simplemente tus conocidos. ¿Hasta qué punto nos permite nuestro contexto social pensar y actuar distinto? ¿Hasta que punto debe permitírseme?

Un factor en que ésto cobra especial importancia es el miedo. El miedo es algo que no tan solo influye en el individuo que lo padece sino que afecta a todo el conjunto social. Los individuos con miedo necesitan alguien que les genere seguridad, y es así que buscan un grupo que les de cobijo, cuanto mayor sea su miedo, mayor será su dependencia al grupo que le cobija. A su vez, existen grupos que tienden a infundir el miedo, ya que el miedo les genera súbditos esclavos del miedo, convirtiéndose así en una amenaza para la libertad individual y en extenderse, para la democracia. Me explico:

Generalmente un individuo con miedo buscará un grupo con el que pueda encajar, primero el individuo se adaptará al grupo, recibirá cobijo, y una vez hecho, éste trabajará para el grupo intentando que éste crezca y se haga más poderoso, para lo cual intentará que más gente se una al grupo. Y es que para el individuo con miedo, proteger al grupo es protegerse a si mismo y hacerlo fuerte es hacerse fuerte a si mismo.

Las personas que tienen seguridad en sí mismas y no tienen miedo no tienen la necesidad de formar parte de un grupo que les de seguridad, pueden fomar parte de un grupo del que reciben y al que aportan ya que somos animales sociales, pero no temen abandonar el mismo y marcharse a otros según les interese o apetezca.

Es por ello que los individuos libres se convierten en la mayor amenaza de los grupos amedrentadores, porque éstos pueden enseñar a otros con miedo a vivir sin el, a no depender de un grupo, a no tener miedo. Y en consecuencia quienes más dependen del grupo arremeterán con más virulencia sobre quienes por ser libres amenacen la supervivencia del grupo, no siendo conscientes de que en realidad ellos son quienes más necesitan abandonar sus temores.

El tema de la felicidad también se entremezcla, y es que la forma en que cada individuo alcanza la felicidad es única a dicho individuo. Lo que a unos hace felices no tiene porqué necesariamente hacer felices a otros, pero en nuestra inseguridad tendemos a arrastrar a otros a nuestro modelo de felicidad, porque cuanta más gente sea partícipe de dicho modelo mayor será nuestro implícito grupo y mayor será también nuestra confianza.

Escoger un camino en la vida es una decisión difícil, las dudas asaltan. – “¿Que pasa si me equivoco? ¿Y si resulta que éste no era el camino correcto?” – En consecuencia las personas se sienten más seguras escogiendo el mismo camino que ya han escogido otros, e incluso, convenciendo a otros de seguir su mismo camino, pues volviendo a la lógica anterior, cuantos más sigan mi camino más me puedo reafirmar en el mismo y más seguridad en mi mismo y en consecuencia ausencia de miedo tengo.

En una democracia en que las decisiones se toman por mayoría, ésto puede desembocar en la anulación de las minorías si los grupos amedrentadores toman el control de la mayoría de la población. Ya que esa mayoría va a presionar con mayor o menor fuerza a las minorías divergentes. Pero una democracia no es la voluntad de la mayoría, sino el gobierno del pueblo, y para que dicho gobierno pueda existir debe existir la posibilidad de disentir fruto de la pluralidad de pensamiento, la cual solo existe si existen las minorías y las mayorías son respetuosas con éstas.

O dicho de otra manera, una democracia debe respetar la libertad del individuo para ser democrática, que recordemos, no es sinónimo de mayoría, sino de gobierno del pueblo en el cual todos los miembros del mismo son tenidos en cuenta formen o no parte de los grupos mayoritarios.

Otra cosa es que las decisiones se tomen por mayoría, pero una decisión tomada con el apoyo mayoritario no necesariamente es una decisión democrática, todo dependerá si las oportunidades de disentir, aportar, informarse, expresarse, etc. aumentan o disminuyen con dicha decisión.

¿Votar a un dictador es democrático? ¿Suprimir derechos de expresión con mayoría absoluta lo resultaría? ¿Prohibir tener una religión distinta o ninguna porque la mayoría sigue la Religión X es democrático?

Entonces tendremos que aceptar que lo mayoritario no sólo no siempre es lo correcto, en ocasiones ni tan siquiera es lo democrático. Y si a eso le sumamos los grupos amedrentadores nutridos de los esclavos del miedo, en caso que dichos grupos tomen el control de la democracia, las consecuencias pueden resultar funestas…